Un organismo sin cerebro desafía la comprensión tradicional de la inteligencia
El moho mucilaginoso Physarum polycephalum, sin cerebro ni neuronas, demuestra capacidades para resolver problemas y optimizar rutas, desafiando la definición clásica de inteligencia.
El moho mucilaginoso Physarum polycephalum es un organismo unicelular que no posee cerebro ni neuronas, pero que ha demostrado capacidades sorprendentes para resolver problemas y adaptarse a su entorno. Este organismo viscoso y amarillento, que habita en bosques húmedos, forma redes ramificadas de protoplasma que le permiten optimizar rutas y aprender de la experiencia sin un control centralizado.
En un experimento realizado en Japón, el moho fue colocado en un laberinto con alimento en sus extremos y logró conectar ambos puntos por el camino más corto en pocas horas. Este comportamiento se reproduce de forma consistente, eliminando rutas ineficientes y estabilizando la ruta óptima, similar a algoritmos matemáticos usados en planificación de redes.
Además, investigaciones en Europa han mostrado que el organismo puede aprender a evitar sustancias amargas tras exposiciones repetidas, lo que sugiere una forma primitiva de memoria almacenada en la dinámica de su red, y no en células nerviosas.
Otro experimento recreó la red de transporte de Tokio en una placa de gel con avena en las estaciones principales. El moho formó una red tubular que se asemejaba a la estructura real del metro, demostrando robustez y eficiencia. Estos hallazgos inspiran modelos computacionales para optimizar redes de transporte y comunicación.
Estos descubrimientos desafían la idea de que la inteligencia requiere un cerebro, abriendo nuevas perspectivas para entenderla como un fenómeno que puede surgir de la interacción entre materia, movimiento y entorno.
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