Espías rusos en Argentina usaron identidades falsas y fachada legal hasta ser descubiertos
Agentes rusos con identidades falsas vivieron en Buenos Aires con familia y documentos legales hasta ser descubiertos y capturados.
En julio de 2012, Ludwig Gisch, con pasaporte austríaco falso, ingresó a Argentina y se instaló en el barrio porteño de Belgrano junto a María Rosa Mayer Muños, también con identidad falsa. Presentándose como un joven matrimonio con hijos, construyeron una fachada legal y social que les permitió operar sin llamar la atención.
Gisch, en realidad el agente Artem Víctor Dultsev del Servicio de Inteligencia Exterior ruso (SVR), dirigía una empresa informática ficticia y montó antenas en Buenos Aires con fines de espionaje. La pareja se movió con discreción, sin dejar huellas significativas y manteniendo una vida aparentemente normal.
En 2012 comenzó la segunda fase con la llegada de María Rosa Mayer Muños, cuyo verdadero nombre es Anna Valerievna Iudina, también agente del SVR. Durante una década, la pareja espió a personas vinculadas a sectores estratégicos argentinos, incluyendo madres de alumnos con conexiones internacionales.
En 2017 migraron a Eslovenia pero mantuvieron vínculos con Argentina, donde renovaron pasaportes y votaron en elecciones nacionales. Fueron capturados en Eslovenia a fines de 2022 y resistieron meses antes de ser intercambiados en agosto de 2024 en Moscú en el mayor trueque de espías desde la Guerra Fría.
Este caso pone en evidencia la sofisticación del espionaje ruso en Argentina y la utilización de identidades y documentos legales falsos para operar bajo una fachada perfecta.
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