Arquitecto e interiorista comparten amor, trabajo y su casa de 600 metros en zona norte
Ezequiel Gil y Verónica Jijena Sánchez, arquitecto e interiorista, comparten su vida y trabajo en una casa de 600 metros en zona norte con vista a la laguna.
Los viajes por el mundo, el amor infinito por las olas, la playa y los atardeceres soñados, la música, los detalles estratégicos, los materiales nobles y la naturaleza que asoma por donde se mire pincelan el espíritu relajado y a la vez contemporáneo que el arquitecto Ezequiel Gil (cofundador del estudio Pacífica) y su mujer, la interiorista Verónica Jijena Sánchez, le imprimieron a su casa en zona norte, un paraíso de 600 metros cuadrados con vista a la laguna, que es su sueño más personal.
Amor y trabajo
“Con Vero nos conocimos hace veinticinco años, cuando un íntimo mío me dijo que tenía una amiga de su novia para presentarme con la que sabía me iba a casar”, arranca Ezequiel. Y Vero suma: “Yo pensé que iba a ser un bodrio que él fuera arquitecto y yo decoradora, ¡y miranos ahora!”.
–¿Es complicado compartir pareja y trabajo?
Vero: Cuando arrancamos éramos sólo cinco en el estudio y nos veíamos sí o sí, pero estábamos con el empuje de que saliera adelante. Cuando fuimos creciendo, yo empecé a tener mis equipos, él los suyos y empezó a correr más el aire. [Se ríe]. Cada uno tiene su espacio.
Ezequiel: El estudio ya funciona como una empresa, así que no nos cruzamos. Yo viajo mucho porque también tenemos oficinas en Punta del Este y Miami, trabajamos muchísimo por toda Latinoamérica y estamos por entrar muy fuerte en España. También estamos a full con Pacífica Urban, un apéndice de Pacífica con el que nos llaman para hacer barrios cerrados, proyectos de media densidad bien curados estéticamente, de arquitectura. Con la desarrolladora Maja creamos la marca Godai y estamos haciendo proyectos en Nordelta, José Ignacio y La Barra.
Olas y buen gusto
–¿De chicos soñaban con hacer lo que hacen?
Ezequiel: Creo que nací arquitecto. En mi familia hay mucho piano, dibujo, aunque más desde el palo de los ingenieros, pintura... Esa veta artística está en mi ADN. De chico, me encantaba dibujar, filmar, editar videos y ya miraba con curiosidad el Pacífico Este, la arquitectura japonesa, el confort norteamericano, California, Hawái, Australia… Todo eso me marcó. Siempre digo que soy un arquitecto itinerante, el mayor aprendizaje como arquitecto lo tuve con los viajes.
–Hay mucho mar en tu vida...
Ezequiel: Mi familia es de Necochea, íbamos todo el tiempo y también hice surf desde chico por todo el mundo. Eso me dio esa idea de la arquitectura de playa, de traer un poco el mar y la arena adentro de la casa.
–¿Y en tu caso, Vero?
–Vengo de una familia esteta. Mamá estudió decoración, mi papá fundó una editorial de libros y revistas de lujo, como Plaza Mayor, y también ha editado libros sobre el Teatro Colón, La Rural o sobre la Argentina. Así que mamé eso de los dos lados. Lo estético también se extendió a la ropa: soy muy simple para vestirme, pero tengo el ojo con lo que me gusta, lo que combina. Es fundamental saber qué te hace vibrar, qué te mueve desde lo sensorial. Termina tu día de laburo, llegás a tu casa y ahí empieza la magia, pensando qué vas a preparar, la música que vas a poner, los amigos que vas a invitar, la velita que vas a encender, la charla que vas a tener.
Lo mejor de dos mundos
–¿Fue fácil ponerse de acuerdo cuando soñaron esta casa?
Ezequiel: Sí. Somos como una máquina creadora, yo me meto con la arquitectura y la espacialidad y Vero con el interiorismo, las texturas, los colores.
Vero: La iluminación, que lo cambia todo, está muy pensada y logramos una casa inteligente desde la domótica. También pintamos las paredes y los cielorrasos del mismo color, hago mucho uso de la colorimetría, soy especialista. Y sumamos calidez con alfombras de pura lana, varias de la cápsula que hice con Kalpakian, usamos maderas macizas y muebles amplios.
–¿Cuál fue la decisión más jugada?
Vero: Revestir la casa en guayubira con esa terminación medio grisácea y tablón irregular. La iluminación suave dio un look más playero dentro de lo urbano, porque hay que contemplar dónde estás haciendo tu casa. [Piensa]. Hay que tratar de jugarse más: si hiciste la barra de la parrilla de mármol, hacé la pared del mismo material, meté un entelado que te dé acústica, sumá metros en la galería para que no sea estándar. Desde lo creativo, nos encanta darle una vuelta de tuerca más al espacio.
–¿Les gusta recibir?
Ezequiel: ¡Nos encanta! Escuchamos vinilos, cocinamos, hacemos picaditas en la barra, usamos el horno de barro y preparamos unas empanadas al Malbec buenísimas. Somos muy gourmet.
–¿Quién cocina?
Ezequiel: Yo, y cocino todos los días. Mi socio Alexis también cocina mucho, así que en Punta del Este hacemos festival de pescados, festival de lo que sea...
Vero: Yo no cocino, pero estoy atenta a otras cosas que suman en la experiencia, como la sobremesa. Entonces todas las sillas son cómodas, quiero que den ganas de quedarse, de esperar el cafecito, las masitas y que se haga tarde y todavía estemos reunidos. Eso se arma con mobiliario y con emoción.
Ezequiel: Nos gusta esa sensación de vivir como de vacaciones, tranquilos. No somos estridentes, disfrutamos del lujo silencioso.
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