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Los edificios icónicos de Buenos Aires y la periodista que rescata sus historias para la Biblioteca del Congreso

Argentina · Buenos Aires – Cultura
13/12/2025 06:30 hs
Los edificios icónicos de Buenos Aires y la periodista que rescata sus historias para la Biblioteca del Congreso

Mariela Blanco, periodista y escritora, recopila relatos y secretos de edificios icónicos de Buenos Aires en libros que fueron incorporados a la Biblioteca del Congreso.

Contexto del lugar
Buenos Aires · Argentina
Región administrativa ubicada en Argentina. Se incluye como referencia contextual.

La Ciudad y su patrimonio tienen historias y secretos para contar. Aunque parece que son conocidos y no queda mucho por revelar, siempre aparecen relatos inesperados, que surgen de un dato que permanecía oculto. Detrás de esas historias hay periodistas, historiadores y ahora también influencers. Y las narraciones se plasman en las redes y también en libros.

Mariela Blanco se autodefine “cazadora de historias”. Y las plasmó en sus libros “Tan Buenos Aires”, que presentó el mes pasado, y “La historia es noticia”, que se editó a mitad de año y obtuvo diferentes reconocimientos.

“La idea fue recopilar todos esos lugares de Buenos Aires que no tienen explicación, que son incategorizables por belleza, extravagancia y porque vistos al sol de las sucesivas crisis económicas, hoy aparecen frente a nuestros ojos como un sinsentido”, dijo Blanco, que también es periodista, sobre “La historia es noticia”, y agregó: “El libro también quiere ser una especie de guía filcar moderna para marcar e ir a buscar estos 100 sitios de la Ciudad”.

En la introducción del libro, que fue incorporado a la Biblioteca del Congreso, Blanco se presenta como una “periodista del pasado” que tiene la dura misión de encontrar una primicia alrededor de edificios de más de un siglo de historia.

“Sería más fácil mi oficio si una casona de Palermo se divorciara, fuera infiel, cambiara de look o tuviera ataques de pánico. Por eso, he tenido que rebuscármelas escalando cúpulas, atravesando túneles, entrando a casas en peligro de derrumbe y tirándome en el piso para tomar una fotografía desde un ángulo inédito”, dice la periodista y escritora.

Tan Buenos Aires

“Tan Buenos Aires” también recorre lugares icónicos de la Ciudad, como el Palacio de los Patos, la Casa Mínima, la Residencia Maguire, la Residencia Casey, la Casa de los Pavos Reales, el Palacio Lezama, el Plaza Hotel, el Hotel Claridge y el Edificio Kavanagh, entre otros.

Y aporta documentación, como planos originales con firmas de figuras destacadas como Corina Kavanagh y Rosa T. de Torquinst. Y le suma el punto de vista más popular para dejar “expuestas las contradicciones de los porteños”.

“Tan Buenos Aires”, de Editorial Dunken, es una recopilación de más de 50 microhistorias que recorren la Ciudad. Y la misma autora eligió cinco, sobre edificios icónicos y sus historias menos conocidas.

Por ejemplo el Palacio Lezama, en donde funcionó la fábrica de bizcochos Canale. En Martín García y Azara, frente el Parque Lezama, es la actual sede de varios ministerios del Gobierno porteño, como Infraestructura y Espacio Público.

Fue inaugurado en 1910 por José Canale, inmigrante genovés, como sede de su creciente fábrica de bizcochos, galletas y panes dulces. “En 1985, un incendio interrumpió la actividad, dejando el edificio como una estructura silenciosa”, cuenta Blanco, que recupera los detalles de la restauración y enfatiza: “El Palacio Lezama resistió al absurdo de las ciudades que tantas veces descartan lo que fue hermoso y hoy preserva la memoria histórica de su pasado industrial”.

Otro edificio elegido es la Antigua Biblioteca Nacional. Ubicada en San Telmo, en México 564, es un edificio neoclásico construido en 1896 por Carlos Morra para albergar la Lotería de Beneficencia. Gracias a la intervención de Paul Groussac, director de la Biblioteca Nacional en ese momento, el edificio fue reasignado a la institución, cumpliendo desde entonces su función bibliotecaria, aunque con nuevas misiones a lo largo del tiempo.

Cuenta Blanco que, entre sus salas de techos altos y escaleras ceremoniosas trabajó Jorge Luis Borges durante dieciocho años, como director entre 1955 y 1973.

Declarado Monumento Histórico Nacional, ahora alberga el Centro de Estudios Borgeanos, con manuscritos, primeras ediciones, fotografías y bibliotecas de autor de Borges, Bioy Casares y Silvina Ocampo. “Recientemente ha sido sometido a una restauración que ha recuperado fachadas y despachos, consolidando su valor histórico y cultural como espacio dedicado a la preservación y difusión de la obra de Borges”, dice Blanco.

El tercer edificio elegido es la Casa Mínima. Es la vivienda más angosta de la Ciudad, con apenas tres metros de ancho. Su origen exacto es incierto. Se dice que perteneció a un esclavo liberto, aunque los registros históricos no lo confirman. El edificio se mantiene como un fragmento de la historia urbana entre la memoria y el mito. La casa sobrevivió a la demolición de la gran casona que la rodeaba, propiedad de la familia Lezica Peña, y a las transformaciones del barrio, convirtiéndose en un vestigio arquitectónico que invita a imaginar historias del pasado porteño.

Su estrecha fachada y sus muros apelan a la imaginación más que a la documentación formal. Hoy es un símbolo de la capacidad de Buenos Aires para conservar fragmentos de su historia, incluso en espacios diminutos. Según la autora, “la Casa Mínima atrae a visitantes y curiosos que buscan acercarse a un rincón donde la leyenda y la memoria se cruzan, y donde lo improbable se vuelve parte de la narrativa de la ciudad”.

El libro de Blanco también destaca la Residencia Maguire, el como lo denomina, “el castillo de Drácula en Recoleta”. Está en avenida Alvear 1683 y también es conocida como el ex Palacio Hume. Se trata de una mansión de estilo tardo-victoriano con detalles góticos diseñada en 1890 por el arquitecto británico Charles Ryder, para el ingeniero Alejandro Hume. Su fachada de ladrillo a la vista, mansardas de pizarra negra y un imponente gomero en la entrada le otorgan un aire señorial y misterioso.

Fue la primera residencia de Buenos Aires en contar con una pileta al aire libre. A lo largo de los años, la propiedad cambió de manos entre familias ilustres, incluyendo a los hermanos Duhau y, más tarde, a los Maguire. Hoy sigue siendo una residencia privada, conservando su función original y su presencia única en la Avenida Alvear. “La combinación de su arquitectura oscura, persianas bajas y halo de misterio le valió el apodo popular de castillo de Drácula, alimentando leyendas urbanas y la fascinación de los vecinos y transeúntes”, resalta Blanco en Tan Buenos Aires.

También sobre la avenida Alvear, pero al 1690, la Residencia Casey es una imponente mansión que perteneció al empresario Eduardo Casey O’Neill y, más tarde, a Vicente Casares, fundador de La Martona y abuelo de Adolfo Bioy Casares. La casa refleja la historia de la industria lechera argentina y conserva detalles que remiten a la época de su auge, incluyendo referencias al tambo modelo de Casares y su famosa producción de dulce de leche.

La mansión fue ampliada por Vicente Casares, que sumó 12 ambientes a los 30 originales y tres baños adicionales, consolidando su carácter señorial. A lo largo del tiempo, la residencia tuvo otros dueños ilustres, como Teodelina Alvear de Lezica y la marquesa pontificia Adelia Harilaos de Olmos, quien la remodeló con miras a hospedar al Papa Pío XII, aunque finalmente él prefirió otra residencia cercana.

Hay otras joyas de la arquitectura porteña en el libro, y también del Gran Buenos Aires, como el Palacio Sans Souci, el Convento de San Francisco, Villa María, Villa Carmen, Villa Ocampo, la Casa Minka, el Club Canottieri Italiani, el Museo de Arte de Tigre, y el Castillo Guerrero, entre otros.

Contexto
Buenos Aires posee un rico patrimonio arquitectónico con edificios que guardan historias y secretos poco difundidos. La labor de periodistas y escritores como Mariela Blanco contribuye a visibilizar estas narrativas, combinando investigación histórica con relatos populares. La incorporación de sus libros a la Biblioteca del Congreso subraya el valor cultural de estas obras para la ciudad y el país.
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