Estudio en Noruega revela cuánta agua se necesita para que tierras agrícolas árticas reduzcan emisiones de carbono
Investigadores noruegos midieron el nivel de agua necesario para que tierras agrícolas en el Ártico reduzcan emisiones de gases de efecto invernadero.
Un equipo del Instituto Noruego de Investigación en Bioeconomía (NIBIO) llevó a cabo un estudio de dos años en el valle de Pasvik, al norte de Noruega, para medir cómo el nivel de agua afecta las emisiones de gases de efecto invernadero en tierras agrícolas ubicadas sobre turberas árticas.
Las turberas son terrenos encharcados donde la falta de oxígeno ralentiza la descomposición de materia orgánica, almacenando carbono durante siglos. Sin embargo, cuando estas tierras se drenan para la agricultura, el oxígeno entra al suelo y los microorganismos descomponen la materia orgánica, liberando dióxido de carbono (CO₂) a la atmósfera.
El estudio encontró que subir el nivel del agua en estas tierras cultivadas puede reducir las emisiones de CO₂ al limitar la actividad microbiana, aunque también puede aumentar la producción de metano (CH₄) y óxido nitroso (N₂O), gases de efecto invernadero potentes. Además, factores como la temperatura del suelo y la frecuencia de cosecha influyen en el balance final de emisiones.
En el Ártico, las largas horas de luz durante el verano permiten que los suelos húmedos absorban más carbono, extendiendo la ventana de absorción. Sin embargo, si la temperatura supera los 12°C, la actividad microbiana aumenta y las emisiones se incrementan incluso con altos niveles de agua.
Este estudio sugiere que un manejo cuidadoso del nivel de agua en tierras agrícolas árticas podría transformar estas áreas de fuentes emisoras a sumideros de carbono, aportando una estrategia para mitigar el cambio climático en regiones frías.
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