Las capas de hielo del planeta se acercan a un punto de no retorno con consecuencias globales
Las capas de hielo de Groenlandia y la Antártida están cerca de puntos críticos que podrían acelerar la subida del nivel del mar de forma irreversible.
Las capas de hielo de Groenlandia y la Antártida juegan un rol fundamental en la regulación del nivel del mar y el clima global. Durante décadas se pensó que su respuesta al calentamiento sería lenta y gradual, pero estudios recientes muestran que existen puntos críticos o tipping points que pueden provocar cambios abruptos e irreversibles a escala humana.
Un análisis del programa climático de la Agencia Espacial Europea indica que varias regiones de estas masas de hielo presentan signos de inestabilidad estructural, evidenciado por el retroceso de los frentes glaciares y la aceleración del flujo de hielo hacia el océano. Estos procesos podrían continuar incluso si las temperaturas globales se estabilizan, debido a la dinámica interna del hielo.
Puntos de inflexión y subida acelerada del nivel del mar
Estudios coordinados por el Scientific Committee on Antarctic Research y el International Arctic Science Committee advierten que algunas zonas de la Antártida occidental podrían haber cruzado umbrales peligrosos. En particular, los glaciares que descansan sobre lechos rocosos bajo el nivel del mar son muy sensibles al calentamiento oceánico, lo que puede acelerar su retroceso de forma autosostenida.
La subida del nivel del mar asociada a estos procesos podría ser de varios metros en los próximos siglos, afectando profundamente a las zonas costeras densamente pobladas. La estabilidad de las capas de hielo depende de umbrales térmicos específicos, y superarlos implica cambios estructurales irreversibles.
Factores que pueden desencadenar un colapso masivo
Investigadores señalan que el calentamiento de los océanos, la pérdida de plataformas de hielo flotantes y el aumento del agua de deshielo en superficie son factores clave que pueden acelerar el colapso de las capas de hielo. El agua de fusión superficial puede infiltrarse en grietas y lubricar la base del hielo, facilitando su deslizamiento hacia el mar y fracturando grandes bloques de hielo.
El ritmo del deshielo observado supera las proyecciones conservadoras de hace una década, lo que genera preocupación en la comunidad científica sobre la urgencia de actuar para evitar los peores escenarios.
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